Se tiene la pelota, pero falta el Comba final.

Como expresión futbolística, es decir juego asociado y algunas individualidades, lo de Rangers no pareciera ser tan preocupante a pesar de la derrota sufrida en Puerto Montt. Sucede que el plan de Luis Guajardo entregó réditos, por cuanto el equipo se generó ocasiones de gol, las cuales lamentablemente nunca logró traducir en gol, el fruto realmente importante y trascendente del juego.

El funcionamiento como tal, anduvo en varios aspectos, pero como es sabido los partidos se resuelven en las áreas  y ahí el rojinegro falló.  En los tantos  del rival hay claras deficiencias en las marcas, más allá de los merecimientos del oponente.

Al momento de marcar, los errores se pagaron caro, debido a las ocasiones de gol desperdiciadas. Algo que algunos habíamos anticipado con la falta de un goleador de fuste, tal es el caso del delantero Sergio Comba, quien fue apenas suplente, y para peor, ni siquiera sumó un minuto en el Chinquihue.

Entre las razones del “destierro” para Comba,  es que no posee movilidad para insertarse en el plan de juego que ha diseñado el técnico. Pero, ojo, él  nunca ha tenido esa característica, y a pesar de eso, es goleador en cada equipo en que está. Es más, dentro de la mediocridad del torneo pasado, logró sumar más de diez goles constituyéndose, una vez más, en el máximo artillero de su equipo. Un galardón que hace rato luce con cada camiseta que viste.

Es cierto, la idea de juego inspirada en el campeón del mundo busca tener el balón más que el rival, y eso se está logrando, pero no tiene sustento si no hay aplicación en la zona propia, y es mucho más frágil, si no se hace daño en el arco rival.

Las soluciones van de la mano con lo que puedan entregar, tanto los del bloque posterior como la elección del cuerpo técnico, que prescinde de un goleador de fuste.

 

 

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